Historia de la Madre
Prendió una inquieta lumbre con sus manos
A caballo bajó por incongruentes escalinatas de roca Acarició capullos Saludó al musgo Defendió al sol
Protegida con sombrero y guirnalda asistida con machete y ocote atravesó los campos: Se irguió fértil ante sus ojos abrigándola con la música y la matemática que todavía podemos adivinar con emoción en los resquicios
Su espejo era la hierba aromada de hormigas las cortezas barbadas de orquídeas y poesía el crepúsculo inasible salpicado de pájaros
hasta que descubrió ¬-sentado en la banca de un parque de postales- al hombre que coronaría como mi padre
(Maravilló los sentidos de ese hombre y holló su nombre bajo toda la lluvia)
Se liaron cartas cifradas de una a otra parte de sus ávidos atardeceres: Febriles Perfectos para apuñalar al mundo con una ardiente estirpe de arcángeles indóciles
Yo principié mis días justo cuando el silencio ya no supo decir nada De: Canción Enferma
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